… de un blanco negro
28 Noviembre, 2006

Yo, como imagino que la mayoría de vosotros, conocí Beck con el considerado “himno para la juventud perdida” Loser, aquella canción semi rapeada con una de las más escuchadas estrofas de mitad de los noventa …
Justo después de aquel boom su siguiente disco fue Odelay, para muchos su mejor trabajo (albúm del año para Rolling Stone) y en el que saca muy buen partido a la mezcla de estilos: rock, blues, country y, claro, funk, para dar pistas de por dónde iban a tirar sus siguientes experimentos …
Después, Mutations, lo recuerdo (mal) como el típico experimento conceptual aburridillo y tedioso
Y digo que lo recuerdo mal porque perdí el CD y no he tenido interés en recuperarlo, así que por ahí andará en casa de algún ¿amigo? también ¿olvidadizo?
En cambio, con el siguiente, recuperó la esencia de Odelay atreviéndose a ir “más allá” y el resultado fue el esplendido Midnite Vultures
Y es que decide “hacerse negro” y apropiarse de lo mejor del soul, el hip hop y el funky consiguiendo un disco en el que las piernas se te mueven desde el principio gracias a bajos rematadamente groovies, secciones de viento que citan a la Motown, falsetes que Prince envidiaría y electrónica mejor usada. En él pueden encontrarse referencias a Marvin Gaye, Stevie Wonder, Hendrix y, como no, mucho Prince.
Es un disco casi homogeneo, exhuberante, espontáneo, divertido y muy entretenido
e, incluso, algunas de sus canciones funcionarían perfectamente en banda sonora de las pelis de Shatf
Total, que lo aconsejo vivamente para subir ánimos decaidos y hacer ejercicio sin tener que ponerse el chandall y salir a mojarse a la calle
¡Qué ustedes lo bailen bien!
Saludos cordiales,
PD1: Por cierto, aconsejo una vueltecita por su web para, además de pasar un rato con una web entretenida (me recuerda algo a la de Luaka Bop) escuchar un par de canciones de su último disco, del mismo título que el famoso libro de Martin Amis.
PD2: Lo que no me hace gracia de este hombre es que también está liado con el asunto de la filosofía de autoayuda de los seguidores de L. Ron Hubbard … bueno, si le va bien …

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oído
27 Noviembre, 2006

“… la música debe de ser algo sencillo, que se pueda silbar. He intentado silbar lo que has compuesto y casi me mareo.”
Martin Crane a su hijo Frasier tras el intento de éste por componer una cortinilla musical con coro y orquesta.
sostiene wendy [o walter] o…
26 Noviembre, 2006
Sostiene Zaralonio que es esta una actividad difícil, presumiblemente culta y tecnológicamente complicada, por más de entretenida y, probablemente, entretenedora. Sostiene y mantiene que es, además, este un espacio nuevo lleno de viejas compañías y, en ocasiones, nuevos sonidos y desafíos inenarrables, aunque esto último, tal vez, y solo tal vez, no sea sino otro desvarío de este su honrado anfitrión. Y yo aplaudo todo ello. Sostiene, mantiene y disfruta como sostenemos, mantenemos y disfrutamos que haya, porque debe de haber, un espacio en el que la música es protagonista y las palabras son parte de ella, por más que no tengan nada que ver el arte del artista con el comentario del comentador. Vemos, en definitiva, que nada nuevo nos ocupa, que lo oído es conocido y lo escrito es vulgar, vulgarizado y divulgado.
Como lo son, o lo es, el trabajo que hoy y a estas horas de difícil definición, tengo a bien traeros al recuerdo. Para ello hemos de recordar cómo un clásico, uno de los grandes de verdad, hubo de pasar por lo que en su día fue la “avant-garde” de la tecnología para retornar (volver a ser una vez más) como otro clásico sobre un clásico. “Switched on Bach” no fue, posiblemente, sino un experimento sobre el sonido neo-tecnológico aplicado a la obra -a una ínfima parte de ella- del mejor delineante de las esferas cósmica que Pitágoras definía como la perfección establecida entre el hombre, su destino y el cosmos; el conjunto de las cosas creadas.

Numerábase aquel año como el 1968 de nuestra era, cuando un avezado Walter Carlos -hoy, también él reconvertido en ella; Wendy- osó interpretar una interesante selección de piezas de Bach -Johann Sebastian- al mando de un “todo novedoso” sintetizador Moog. El resultado no pudo ser más sorprendente; por una parte, voluntaria o involuntariamente, permutó el sonido primitivo del clavecín a través de un novedoso instrumento del siglo XX, el sintetizador, demostrando que las novedades son novedosas y necesitan, como sus intérpretes, madurar. Al mismo tiempo, consiguió, por primera vez en la historia de los “charts” colar al “viejo peluca” -y por extensión a toda la música “clásica”- entre lo más vendido (y tal vez escuchado, probablemente oído) de ese año. Vulgarizar, tal vez divulgar. Y yo aplaudo todo ello.

Un clásico del siglo XVIII reconvertido en un nuevo clásico del siglo XX. Personalmente, además del valor histórico, que indudablemente lo tiene, destacaría de la obra su afinidad sonora. Seguramente mis escasos conocimientos sobre la música culta me delatan, pero nunca he podido dejar de considerar al clave (clavecín) como un boceto del piano (el “pianoforte” que mi adorado genio de Leipzig llegó a conocer, ya casi ciego, en sus últimas vistas a la corte de Potsdam). Del mismo modo, los primeros pasos de la música electrónica aplicada al Moog no son sino un leve planteamiento de lo que habría de llegar. Con 200 años de distancia, los teclados primigenios se hermanan y eclosionan para rendir homenaje al irrepetible Johann Sebastian.
La selección de piezas es tan recomendable como reconocible: el coro “Jesus, joy of man’s desire”, el tercer concierto de Bradenburgo, el Aria de de la suite para orquesta Nº 3, etc. La interpretación tan correcta como sorprendente -naif diríamos hoy- lo fue en su día. La calidad sonora es notable -proviene de una reedición remasterizada-. Todo ello, en definitiva, nos coloca -nada lisérgico por demás- ante un doble clásico, una obra de colección y todo un referente de la reciente historia de la música. Y yo aplaudo todo ello.



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de la doctrina del ethos
25 Noviembre, 2006

“Apolo tañendo la lira” / Fresco de la Villa de Livia / Colina Palatina / Roma
“Los escritores griegos creyeron que la música poseía cualidades morales y que ésta podía afectar al carácter y al comportamiento. Esta idea cuadraba con la concepción pitagórica de la música como un sistema de altura de sonido y ritmo, regido por las mismas leyes matemáticas que obran en todo el mundo visible e invisible. El alma humana se veía como una combinación que se armonizaba mediante relaciones numéricas. Se creía que la música no sólo reflejaba este sistema ordenado, sino que también penetraba en el alma y, en efecto, en el mundo inanimado. De ahí que se atribuyesen milagros a los músicos legendarios de la mitología. Mediante la doctrina de la imitación, Aristóteles explicó la forma en que la música podía actuar sobre la conducta. Afirmaba que ésta imita (esto es, representa) las pasiones o estados del alma; la dulzura, la ira, el valor, la templanza y sus opuestos; en consecuencia, cuando cuando alguien escucha una música que imita a cierta pasión, resulta imbuido por esa misma pasión; además, si durante mucho tiempo escucha habitualmente la clase de música que despierta pasiones innobles, todo su carácter se estructurará según una forma innoble. En suma, si alguien escucha la clase censurable de música, se convertirá en la clase censurable de persona; pero, a la inversa, si escucha la clase idónea de música, tenderá a convertirse en la clase idónea de persona.”
Donald J. Grot & Claude V. Palisca; “Historia de la música occidental” citando a Platón {“La República” 3.401 d-e}
Tribulaciones de un replicante en prácticas.
24 Noviembre, 2006
La nostalgia de un pasado más amable me impele a declararme abatido frente a las complicaciones que plantea el afrontar la posmodernidad electrónica que nos rodea y oprime. Dicho de otro modo: participar en una tertulia parcialmente especializada como puede ser el proyecto XolV2, por otra parte meritoria en cuanto al esfuerzo cultural que su mecenas nos da considerada y gratuitamente, requiere un esfuerzo de aclimatación a las circunstancias que la comunicación electrónica en red supone. De nuevo dicho de otro modo: ya no vale escribir en las parecdes, ¡hay que estudiar!.
Hasta para un replicante que ha visto cosas que vosotros no creeríais le supone un plus de ansiedad participar en proyectos de este tipo, ya que si bien es cierto que todo es susceptible de aprendizaje, no lo es menos que las redes neuronales con que me diseñaron son finitas y limitadas, y que la información ocupa un lugar mensurable, de manera que es preciso borrar información vieja y habilitar su espacio físico para poder incorporar la nueva, sin perjuicio de los problemas de fragmentación que tales maniobras originan en mi ya deteriorado sistema de almacenamiento.
En todo caso acatamos la indicación de prácticar y practicamos a riesgo de los tertulianos y con la mejor de las sonrisas. Buena prueba de ello será este intento cuya calificación recabaremos de la parroquia, naturalmente en su momento.
Entre tanto seguiremos entrenando aquí en la puerta de Tanhauser.

una góndola y una guinness
16 Noviembre, 2006
Las dos son negras, brillantes, estimulantes y únicas. Ambas pueden ser consideradas como claros iconos de dos culturas, a primera vista, opuestas; el brillo barroco de la “Serenissima” República de mercaderes mediterráneos y la energía de la isla de las brumas y los muy católicos bárbaros celtas. Dos orígenes insulares, aislados en sus grandezas y miserias pero que comparten su amor por la música, sea ésta entendida como un refinado divertimento para los adinerados comerciantes o una válvula de escape política, social y religiosa ante los férreos mandatos del destino (y los británicos). Y, a partir de aquí, que lo que separaba el “dieciocho” lo una el “veintiuno”.

Se nos cuenta en el libreto que la génesis de este experimento musical nace de la difusión que tuvo en la Irlanda de principios del XVIII la música de Antonio Vivaldi a manos del gran músico irlandés Turlough O’Carolan. Como historia, resulta deliciosa; poder abrir una ventana en el tiempo y ver viajar la obra del Prete Rosso desde el soleado Adriático hasta la lluviosa Eire, se me antoja tan sugerente como literario. Obviamente, no soy quien para ponerlo en duda, aunque conociendo a los personajes -a uno de ellos en particular- que se encuentran tras el experimento se me esboza, de una forma absolutamente involuntaria, una ligera sonrisa.
Qué le vamos a hacer, Hughes de Courson es un viejo conocido. En su momento llegamos a comentar uno de sus trabajos, bajo mi punto de vista quizá el más acertado -”Bach to África”-, en el que fusionaba al genio de Eisenach con música proveniente del continente africano. En otro de sus trabajo -”Mozart in Egypt”- mezclaba partes de la obra del divino Amadeus con música egipcia (y este, para mi fallido, experimento debió de gustarle tanto que no hace mucho ha publicado una segunda parte). En definitiva, estamos ante un astuto y sabio mezclador que no necesita de anécdotas más o menos históricas para lanzarse a sus experimentos de coctelera mágica. El segundo de los responsables de este invento es nada menos que Youenn le Berre, uno de los fundadores del mítico grupo de folk bretón (celta) Gwendal. Y, ahora que ya tenemos a los responsables, veamos qué es lo que nos proponen.

“O’Stravaganza”, subtitulado “fantasía sobre Vivaldi y la música celta irlandesa” es un trabajo, pese a lo que pueda desprenderse de lo comentado, muy interesante. Quizá las anécdotas no hagan justicia a lo que de verdad se extrae de la obra; en el siglo XVIII la música se asienta definitivamente, tanto en su faceta culta -barroco final- como su aspecto más popular (aunque el debate sobre si el barroco era música popular o no, no se cerrará, posiblemente, nunca). Lo que está claro y se extrae perfectamente de la escucha de este trabajo es la gran cantidad de similitudes de base que ambas músicas poseen. A lo largo de toda la obra los ritmos, los sonidos y las melodías saltan con una pasmosa facilidad de lo que cualquiera puede reconocer como “barroco clásico” -estamos hablando de Vivaldi- a lo más folk, celta o world music. Realmente resulta asombroso; en unas piezas se substituyen los instrumentos irlandeses por los barrocos; en otras, se usan instrumentos barrocos para acompañar melodías irlandesas. Ambas modalidades dialogan y se compenetran. Se revalorizan instrumentos autóctonos -como el tin whistle- haciéndoles interpretar las partes de flauta barroca, y, en definitiva, se fusiona extrayendo de dos viejos conocidos un nuevo (y, al mismo tiempo, viejo) sonido. Francamente interesante.
Para acabar es necesario citar a algunos de los interpretes de la obra, entre los que destacan la agrupación barroca “Le Orfanelle della Pieta” (un claro homenaje a Vivaldi), el ya citado Youenn le Berre o la sugerente voz de Suzan Hamilton. En resumen; un interesante, brillante en algunas ocasiones, trabajo ideal para comprobar que lo que parece y algunos se empeñan en hacer distinto, muchas veces no lo es tanto. Ni en el tiempo, ni en el espacio.



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begin the beguine
13 Noviembre, 2006
Una breve nota para, en primer lugar, agradeceros a todos vuestro interés, vuestras sugerencias y también vuestra solidaridad. A partir de aquí solo resta comentaros que he realizado todas las pruebas que me habéis sugerido (y alguna más) y el resultado es prácticamente nulo. Únicamente a través de Data rescue, he conseguido rescatar algo -unas 25Gb (y no todas “musicales”)- que, en definitiva, han resultado prácticamente inservibles, ya que su recatalogación puede llevar más tiempo que la digitalización o búsqueda de las fuentes originales.

Dónde sí que he tenido más éxito ha sido -y el que no se consuela es porque no quiere- en la recuperación del contenido de los datos del archivo “iTunes Music Library.xml”. Además de las pistas que me habéis facilitado, he logrado recuperar todo el contenido gracias a un programa que en su día comentamos -iTunes Catalog- y que se ha mostrado excelente habida cuenta el tamaño del archivo en cuestión (unas 54 Mb).
Nada más. Con esto cierro el capítulo “averías” y me pongo, con paciencia y en ratos libres a reconstruir mi biblioteca. Gracias de nuevo.
… de los dientes de oro.
13 Noviembre, 2006
… con la mejores intenciones de que Xol acabe *iluminado* por esa *luz en la oscuridad* que le permita recuperar lo más posible del desastre …
creo que es buena idea recordar un disco de uno de los primeros dientes de oro que se pudieron ver en escena (bastante antes que esa moda dental dorada fuera explotada por raperos sin más que mostrar que la cuenta corriente a base de kilos de dorado) y con tatuajes cuando sólo se veían en marineros y gentes de ¿mal? vivir?
Willy DeVille.

Aunque sus inicios fueran siguiendo el blues de John Hammond Jr., Muddy Waters y John Lee Hooker, sus pocos éxitos en Europa, dónde se traslado en los 70 para unirse a una banda británica, le hicieron volver a Nueva York para encontrarse en el lugar adecuado en el momento preciso: CBGB, dónde se dio a conocer con su grupo Mink DeVille en los ambientes punk neoyorquinos. Estos eran una especie de anacronismo en la escena punk de Nueva York en los últimos 70s. Entre reinventores del rock de garage y del pop como Ramones, Voidoids, Blondie y demás, Mink Deville reivindicaban las formas clásicas del pop, el R&B y el rock’n'roll de los primeros 60s. Y es que realmente lo que esta banda hizo fue adaptar a su tiempo el rock’n'roll de Doc Pomus, Leiber & Stoller, Goffin & King, etc, y añadirle una pátina de chulería, romanticismo, peligrosidad y macarrismo callejero.
Tras la ruptura de esta banda graba su primer disco en solitario, Miracle (con las colaboraciones de Chet Atkins y Mark Knopfler), una colección de canciones algo sositas, la verdad (el caso es que a mi me gustan
…) No tiene repercusión más allá de darlo a conocer como el que canta en La Princesa Prometida .. y es que no por ñoña deja de ser bonita la canción que le permitió ser ¡nominado al Oscar! por cantar en una entretenidísima película …
Será en el siguiente disco, Victory Mixture, cuando vuelva a conseguir la fuerza que transmitían sus anteriores trabajos con estupendas versiones de viejos rhythm’n’blues.
Y después, el que nos ocupa, Backstreets Of Desire, también muy interesante pero en el que se nota algo que este señor flojea un poco a la hora de componer. Aunque es evidente, tanto por las colaboraciones (Zachary Richard, Dr. John, Jimmy Z y los coros de The Lost Angels Of The Vieux Carré) como por la chulería que no ha dejado de ejercer en la interpretación, el sonido creole en todas las canciones.
Total, que aunque no lo pongo tan fuerte como solía en aquellos tiempos, me sigue gustando subir el volumen cuando aparece por mi equipito el Capitán Garfio de Nueva Orleans
… ya sé, son manías sentimentales mías, pero es que es difícil vivir sin manías …
Saludos cordiales,
PD: … y la verdad es que este hombre se ha pasado con el asunto de los disfraces
)))


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de rosas en la nieve
10 Noviembre, 2006
Mi recomendación para hoy, tras los acontecimientos técnicos de los últimos días, es lo que podríamos llamar una luz en la oscuridad, una flor en diciembre o una boya en el mar. En definitiva uno de esos viejos conocidos a los que puedes agarrarte en la plena confianza de que te ayudará a mantenerte a flote en medio de la tempestad.

No se trata de (casi) nada nuevo; una hermosa voz, un buen grupo de acompañamiento, un sonido próximo, casi cercano y un buen puñado de temas lo suficientemente conocidos como para abandonar algunos complejos y lanzarse a cantar a coro con esta espléndida vocalista que es Susan Wong.
No tengo prácticamente ninguna referencia escrita de de ella, por lo que este trabajo -”Close to You”- puede ser considerado como su tarjeta de visita. Y como tal, es muy hermoso; suave, comedido, próximo, sonoramente muy natural y con una selección de temas brillante y heterodoxa que recorre en clave jazz diversas composiciones de las últimas décadas del siglo XX. Así, hay piezas absolutamente estándares como “Killing me softly” o “Fly me to the moon”, recreaciones del pop de los 70s y 80s -”I’m easy”, “Do that to me one more time” o “Stay awhile” y dos increíbles temas de Eagles -”Love will keep us alive” y “Desperado”- reconvertidos en sublimes piezas de repertorio jazz-vocal. En definitiva, una espléndida presentación para una nueva intérprete a través temas ya conocidos. El tiempo dirá todo lo demás.



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alguien vendrá…
6 Noviembre, 2006
Es cierto. Cuando parece que las cosas se van normalizando y recuperando su ritmo más o menos habitual, siempre hay algo (o alguien) que viene a recordarnos que la confianza y la seguridad es más una sensación que una certeza.
A qué viene esto? Muy sencillo; acabo de perder definitivamente mi biblioteca musical. El disco externo en la que estaba alojada, un disco que ya dio problemas hace un año, ha fenecido. Y con él mi biblioteca musical (unas 250 Gb) y algunas otras cosas, afortunadamente, no demasiado importantes.
Poco más puedo decir. Tengo las últimas novedades volcadas en mi iPod, pero el grueso de la colección ha desaparecido… Me esperan unos meses de duro trabajo para intentar recuperar, poner orden y digitalizar mis CDs, mis adquisiciones y demás, hasta que la biblioteca pueda volver a parecerse a la que acaba de volatilizarse.
No os cuento nada más porque supongo podréis imaginar mi estado de ánimo actual. Como leí ya hace bastantes años en “la Biblia del Macintosh” sólo hay dos tipos de usuarios; los que ya han perdido la información y los que está a punto de hacerlo. Cuidaos y cuidad vuestras bibliotecas.
