Ciao! (o cháu!)

28 septiembre, 2009

ciao!

Este blog, desde hace unos meses abandonado, pasa a mejor vida. El agotamiento, los nuevos proyectos y la falta de respuesta han -hemos- acabado con él. Me complace y congratula haber disfrutado de la compañía de todos aquellos quienes han tenido a bien decir algo -pocos, pero elegidos- o simplemente han pasado por aquí con curiosidad o ganas de hacer los deberes -la entrada “de la doctrina del ethos” ha sido por mayoría absoluta la más visitada; 492 visitas, casi un 10% del total (o hay un inusitado boom de filosofía clásica o a más de uno le hemos hecho los deberes)-.

En cualquier caso esto se ha acabado. Si a alguien le pica la curiosidad, este su servidor se embarca con afanes más breves, clásicos y nutritivos hacia una nueva aventura que he llamado “Beethoven y el sushi”. Será un placer volver a saber de todos ustedes.

Y, mientras tanto, que ustedes lo disfruten, cuídense y nos leemos.

September

25 septiembre, 2008

El jardín se entristece, fría cae sobre las flores la lluvia. El verano asiste silenciosamente a la llegada de su fin. // Una tras otra, van cayendo las doradas hojas de la alta acacia. El verano sonríe, entre sorprendido y fatigado, en el moribundo sueño del jardín. // Largo tiempo permanece él todavía junto a las rosas, quieto, anhelando el reposo; lentamente va cerrando sus ojos fatigados.

Der Garten trauert, / kühl sinkt in die Blumen der Regen. / Der Sommer schauert / still seinem Ende entgegen. // Golden tropft Blatt um Blatt / nieder vom hohen Akazienbaum. / Sommer lächelt erstaunt und matt/ in den sterbenden Gartentraum. // Lange noch bei den Rosen / bleibt er stehen, sehnt sich nach Ruh. / Langsam tut er die großen / müdgewordnen Augen zu.

Richard Georg Strauss, “September” ( 1948 ) [WoO150/Nº2] parte de “Vier letzte Lieder” sobre un texto de Hermann Hesse. [Traducciones de Abel Alamillo Fernández]

Septiembre es época de retornos, de obligados silencios posvacacionales, de cambios climáticos y humorísticos y de todo un sinfín pequeños inconvenientes y grandes promesas que, la mayoría de las veces no pasan de ahí; por fortuna unos, desgraciadamente los otros. Así pues, pido perdón y la palabra.

Celebremos este mes de septiembre en el que se cumplen 60 años de esta asombrosa maravilla crepuscular, una de las últimas obras que Richard Strauss [+], aquel gran maestro “antiguo”, nos dejó antes de partir rumbo a su irresoluble invierno.

“September“, la pieza, forma parte de de sus “Vier letzte Lieder” -Cuatro últimas canciones- [+]. En estas cuatro piezas, concebidas de modo unitario aunque tal vez en un orden distinto al que se presentan habitualmente, el octogenario “último gran clásico” nos propone, de un modo sosegado, consciente, asumido y, sobre todo, bellísimo, un acercamiento al inevitable final del camino. Y este camino se inicia con una esperanzada primavera de promesas y potencialidades -“Frühling”, (Primavera), seguida de un septiembre dulce como la vendimia -“September”-, un anhelante cavilar -quizá esperanzado- ante lo inevitable -“Beim Schlafengehen”, (Al irse a dormir) y finaliza con una inquietante llama que se apaga -“Im Abendrot”, (En el crepúsculo).

Cada una de las etapas, a pesar de su claridad conceptual y equilibro emocional, contiene sus propias preguntas y, mientras la tres primeras de ellas -basadas en textos de Hermann Hesse [+] son preguntas musicales -una cuerda pulsada como última nota, un viento tan grave como lejano sobresaliendo sobre una finísima, casi transparente, capa de cuerdas o el fraseo de un solitario violín que retomará la cantante- es la última de ellas -basada en un texto de Josef von Eichendorff [+] la que finaliza con la gran pregunta:

…// ¡Oh, amplia y silenciosa paz, tan profunda en el crepúsculo! ¡Qué cansados estamos de caminar! ¿Será  esto acaso la muerte?

… // O weiter, stiller Friede! / So tief im Abendrot, / Wie sind wir wandermüde – / Ist dies etwa der Tod?

Richard Strauss en 1918

Nunca el final fue más hermosamente descrito, cantado ni tan sencillamente aceptado. Así pues, no voy a extenderme más sobre el particular y paso directamente a recomendaros mis dos versiones favoritas de la obra la cual, obviamente, tiene docenas de grabaciones. Al ser un conjunto de cuatro canciones que apenas abarca más allá de los 20-25 minutos siempre se presentan acompañadas de otras piezas que os presento, junto a mi selección, muy brevemente.

Mi primera recomendación es, como suele ser habitual, para la versión a través de la que conocí la obra; Elisabeth Schwarzkopf [+] junto a George Szell [+] y la Radio-Symphonic-Orchester Berlin. Una versión tan íntima como arriesgada para la dulcísima voz de esta gran dama, sutilmente arropada por el gran -y férreo- director, alumno aventajado y gran conocedor y difusor de la obra de Richard Strauss. Como “bonus”, el disco -recientemente reeditado, al igual que mi otra recomendación, por su sello como uno de los grandes trabajos del siglo XX- nos propone sus “12 Orchestral Songs”, otro bellísimo conjunto de lieder orquestados.

Mi segunda opción corresponde a la grabada por Gundula Janowitz [+] junto a Herbert von Karajan [+] y la Berlin Philharmonic Orchestra, mucho más pasional y energética pero de una belleza, brillo y precisión indudables. Esta vez la obra se acompaña de otros dos auténticos platos fuertes del compositor; “Tod und Verklärung”, (Muerte y transfiguración), y de “Metamorphosen”, (Metamorfosis), muchas veces considerada como la última gran obra de la música “clásica”.

Afortunadamente, la belleza está más allá de las etiquetas. Que ustedes lo disfruten.

 

     

                          

la eternidad y un día

11 julio, 2008

Menos es más. Esta es una lección profesionalmente aprendida y descubierta y redescubierta en los más dispares ámbitos de la existencia. Menos, en este caso, puede consistir en mirar más y hablar menos, en escuchar más y protagonizar menos o en hacer de unas pocas horas toda una eternidad. La historia es muy simple y se repite cíclicamente tanto en la literatura como en el cine; las horas, o las últimas horas de o con -Leopold Bloom, Mrs. Dalloway, Boris Grushenko…-. Hoy quisiera hablar de un nuevo personaje que, además de moverse en este asfixiante universo temporal, palpita bajo el doble registro de cine y música. Su nombre es Alexandros y la historia lleva por nombre “La eternidad y un día” -Eternity and a day-.

En Tesalónica, Grecia, Alexandros es un poeta en estado terminal cuya hospitalización -y muerte- son inminentes. En sus últimas 24 horas, el protagonista se enfrenta a los antagónicos pasado y presente, vida y muerte, esperanza y desesperanza. Luces y las sombras que quedan definitivamente esculpidas frente al “viaje final” -el gran viaje- por la aparición en escena de un pequeño refugiado albanés a quien Alexandros decide dar la vida llevándolo de vuelta a su país de origen… El responsable de esta emotiva cinta es el director griego Theo Angelopoulos quien confió la banda sonora a Eleni Karaindrou en la que sería su sexta colaboración.

Como no podría ser menos, los sonidos de esta “Eternidad y un día” son también mínimos, elocuentes y cautivadores. La estructura de la obra se basa en variaciones sistemática del tema principal, “Eternity Theme”, una sorprendente mazurka. A partir de esta base y a través de los diferentes registros, variaciones e instrumentaciones se construye por oposición todo un universo sonoro de matices que abarcan desde los solos instrumentales -“By the sea”, que no deja de ser sino otra variación- a cortes de carácter sinfónico -“Variation I”-, camerísticos -“Trio and Eternity Theme”- o marcadamente étnicos -“Wedding Dance”- y sin olvidarnos de un recitativo del poeta.

Eleni Karaindrou y el productor Manfred Eicher en una sesión en el estudio.

De esta manera y poco a poco, tras varias escuchas, la música va llenando los huecos y silencios que una primera aproximación parecía dejar. No en vano su título es su mejor presentación, una eternidad contada en un día o, más concretamente en cuarenta y seis minutos de pura reflexión y relax.

Para terminar hay que señalar que esta no es una “original soundtrack” sino que la composición ha sido adaptada al formato de “solo música” por el productor –y fundador- de ECM -otra discográfica ante la que descubrirse- Manfred Eicher.

 

  

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Antidotum Tarantulæ

5 junio, 2008

Muy brevemente una recomendación muy especial para aquellos que gustamos de los sonidos del mundo, la música antigua, las voces sorprendentes y los sonidos claros y brillantes. 

Extraído del impagable sello alfa [+], más concretamente de su colección Los cantos de la tierra, y bajo el sugerente título de “La Tarantella / Antidotum Tarantulæ” -La tarantela, antídoto contra las tarántulas- la multinstrumentista austriaca Christina Pluhar -Arpa y guitarra barrocas, tiorba, chitarra battente y dirección- impecablemente acompañada por las voces de Lucilla Galeazzi, Marco Beasley y Alfio Antico y por su agrupación L’Arpeggiata, deja volar la imaginación -la suya y la nuestra- hacia la tradición según la cual la picadura de la tarántula se curaba con una convulsa mezcla de ritmos in crescendo, alcohol y baile -es decir con, una Tarantela [+]. Tan es así que “…la Junta Gubernamental de Medicina, en 1875, llego a reconocer los poderes curativos de la tarantela y animaba a los musicos para que la hicieran sonar.

Christina Pluhar con una tiorba o laúd doble.

Y como muestra de todo ello, de los diferentes estados de exaltación y los ritmos en los que estos se reflejan, nos propone un viaje curativo que abarca tanto la música renacentista como el folk tradicional -nada de world music-, las baladas más reposadas con los ritmos más frenéticos o las voces populares con la transparencia acústica de los instrumentos de cuerda, viento y percusión. 

Así, partiendo de los textos que popularizaron la leyenda, podemos repasar la sintomatología rítmica completa del “Antidotum Tarantulæ”, desde las baladas en primera persona –La Carpinese”, “Lamento dei mendicanti” o “Lu Passariellu”– pasando por los medios tiempos -“Tarentella del Gargano”, “Tarantella italiana” o “Lu povero ‘Ntonuccio”– para acabar desembocando en el frenesí más absoluto –“Tarantella calabrese”, “Luna Lunedda” o “Pizzicarella mia”– en una especie de Perpetuum mobile basado en una sabia mezcla de empujes y desaceleraciones que terminarán por expulsar los venenos más amargos de nuestros cuerpos. O, al menos, esa es la intención.

L’Arpeggiata durante una actuación una actuación con Christina Pluhar a la izquierda, Lucilla Galeazzi en el centro y junto a ella Alfio Antico y Marco Beasley.

En resumen un disco que abarca mucho y aprieta, al menos, otro tanto. Una viaje curativo para las mentes cansadas del “más de lo mismo”, con sorprendentes resultados tanto para espíritus relajados como para los más alterados. Y afortunadamente la sobredosificación no está contraindicada. Que ustedes lo disfruten.

 

   

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todo fluye

16 mayo, 2008

Si consideramos, como ya apuntábamos en un anterior comentario [+], que el silencio es aquello que suena mientras la música calla, ha sido este un largo compás de espera de casi tres meses en los que lo inmediato -lo urgente- una vez más no ha dejado tiempo para lo importante. Por fortuna, este silencio ha sido solo mudez que no sordera ya que la música -las músicas- nunca han dejado de sonar ayudándome, en primer lugar, en el -a veces- tedioso transitar laboral que nos corresponde. Pero también me ha permitido conocer y acumular nuevos estilos, recuperar sonidos prácticamente olvidados, matizar algunos de los conocidos y, es de justicia decirlo, aparcar -que no olvidar- algunos otros.  

Me gustaría poder prometer que este espacio, ya de hecho unipersonal, va a poder recuperar su ritmo “cuasi-semanal” pero los recientes reajustes personales y laborales solo me aseguran incertidumbre, al menos respecto a este espacio digital. Como dije hace un algo más de un mes, no es falta de discurso sino falta de tiempo multiplicada por un acuciante cansancio. Así que, una vez más, nada de promesas -con lo que no habrá incumplimientos- y simplemente disfrutemos del tiempo rellenándolo suave o rítmicamente del fluir de la música, las músicas.

Dejemos pues, fluir al unísono el tiempo y la música y démosle el ritmo de, por ejemplo, la naturalidad, el encanto exótico y el reposado latir de un río mayor, dormitante y poderoso a la vez, como puede ser el Níger, el río de los ríos, que en África es la vida de la vida -“nuestras vidas son los ríos…”-.

Pocas mejores maneras habrá de acompañar el incesante e indeciso curso de sus aguas que con los sonidos, básicos y complejos, improvisados y reflexivos, nuevos y heredados al mismo tiempo de  “In the Heart of the Moon”, el trabajo que los malíes Ali Farka Touré -guitarra y voz- y Toumani Diabaté -kora, una especie de arpa/laud de 21 cuerdas- publicaron en 2005. Un disco que desde sus primeros compases nos mece en la ensoñación de cielos azul celeste, paisajes horizontales, aires calmos y, acompasado por los dos instrumentos de cuerda -todo un acierto de combinación-, el suave fluir de un omnipresente Níger.

El trabajo en sí fue grabado sin ensayos previos, improvisando sobre temas de base tradicional, en un estudio móvil y en una sola toma por tema. Tal vez este sea uno de los secretos para el sorprendentemente acompasado ritmo -de nuevo el fluir- que tanto los dos intérpretes principales como los músicos colaboradores -Orlando “Cachaito” López, Joachim y Ry Cooder, entre otros- destilan desde la primera hasta la última de las notas.

Me resulta difícil destacar un solo tema en un trabajo que, ante todo, es una obra temática y homogénea, fruto del virtuosismo y el saber hacer tradicional y “fusionista” de sus autores. Tal vez, simplemente por citar alguno de los temas podríamos hablar de “Mamadou Boutiquier”, la rítmica Ai Ga Bani” o el delicioso tema que cierra el trabajo; “Hawa Dolo”. En cualquier caso y ante todo es una obra temática, formada a partir de pequeños cuadros y dispuesta a trasladarnos a una realidad distinta y tal vez distante pero sumamente plácida y placentera. Que ustedes la disfruten.

 

 

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una semana más

11 abril, 2008

Una semana más, no sin nada que decir sino sin tiempo para decir algo. Tal vez los próximos cambios laborales, personales y profesionales consigan abrir una pequeña ventana por la que huir de vez en cuando para poder contar algo, importante o no, interesante o no, novedoso o no. Algo, en definitiva.

Cuidaros ahí fuera.

de nuevos y viejos

29 febrero, 2008

Puede resultar difícil de entender cómo un disco de pop de apariencia más o menos convencional, con pocos aportes novedosos, cuya espera se ha prolongado casi tres años y que, además, rompe con las últimas líneas estilísticas marcadas por sus integrantes resulte de un solo golpe innovador, original, sorprendente y, en definitiva, tan imprescindible como la visión del horizonte -o los horizontes- tras una sofocante claustrofobia.  

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Los viajes son la mejor escuela. Y esto es lo que le ha ocurrido a Golfrapp a lo largo de su carrera. Cada trabajo es diferente, cada etapa, un descubrimiento. Cada estilo lo hacen propio moldeándolo y adaptándolo a su imagen y sus capacidades -la música sutil, los arreglos entre delicados y exuberantes, la voz de Alison deliciosa y sugerente…-. Y ahora, tras un nuevo doble salto mortal, nos invitan a su renovado paraíso musical, tan cercano en el tiempo, tan conocido, tan previsible, que parece como si siempre hubiéramos vivido en él. Y, sin embargo, la senda es nueva, como nuevos son los paisajes, los personajes y los sonidos. ¿Qué ha cambiado para que todo sea nuevo y conocido a la vez?. Los anfitriones. Bienvenidos a los paisajes del folk, la psicodelía, el pop inicial, la electrónica sutil de la mano de este par de magos musicales que son Alison Goldfrapp y Will Gregory.

El séptimo árbol -Seventh tree- parece más bien traído desde el séptimo cielo del recuerdo y se desgrana en 10 deliciosas ramas que abarcan desde las baladas folkies más íntimas -“Clowns o “Eat yorself” a los sonidos lisérgicos más hipnotizantes “Little bird”, las marchas antimilitares favoritas del Sargento Pimienta “Happiness”, las sutilezas electroacústicas “Road to somewhere”, los crescendos gloriosos “Some people”, el pop-folk más engañosamente simple del primer single “A&E”, los ritmos entre “chics” y sincopados a la “Philadelphia sound” “Cologne Cerrone Houdini”, la subyugante explosión de arrebatadora jovialidad -“Caravan girl” o el auto-homenaje que cierra el trabajo en un círculo perfecto de lo nuevo-viejo “Monster love”

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En resumen, 10 memorables temas para un trabajo que puede ser el mejor escaparate de la música de los 60’s y 70’s hecho hoy en día. Como escribió Lampedusa “es necesario que todo cambie para que todo siga igual”. Cierto, todo a cambiado y casi todo sigue igual; los sonidos son similares, pero nuestra percepción sobre ellos ya no será la misma. Que ustedes lo disfruten.

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