… y de una negra blanca

1 diciembre, 2006

La verdad es que el comentario de esta semana no podía ser otro -gracias otra vez, tr3s-. Y, aunque la esencia, el concepto sea similar, la tonalidad de la que vamos a hablar es completamente diferente. Para ello vamos a conjurar a la llamada “Emperatiz del blues” resucitándola a través de una espléndida voz que nos llega desde Portugal y contando, además, con la ayuda de un trompetista brasileño. Que comience el cocktail histórico y geográfico.

Bessie Smith, “la emperatriz del Blues” nació en un dos veces lejano -en 1892 y en Tennessee- gueto duro y segregado en los que la población de los ahora llamados afro-americanos sobrevivía a la esclavitud económica y social de la industrialización del nuevo siglo. Su carácter se forjó en la dureza y la violencia aprendida, pero también en la tristeza y en la determinación de quien nada tiene que perder. A los 12 años actuaba en las calles de Chattanooga, y poco tiempo después emprendió su actividad “profesional” en un grupo ambulante de vaudeville, donde actuaba principalmente como bailarina. Hacia 1920 comenzaba a ser conocida como cantante y tres años después firmaría y grabaría sus primeros discos, convirtiéndose en la artista negra (o afro-americana) mejor pagada de su tiempo, llegó incluso a tener su propio vagón de tren para sus desplazamientos.

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Pero, como dice el refrán, poco dura la alegría en casa del pobre. La llegada de la Gran depresión (1929) y el cine sonoro, con el consiguiente cambio en los gustos de los consumidores, desplazaría a la “emperatriz” fuera de la cumbre. Vuelta a la carretera, algunas incursiones poco afortunadas en Broadway y en Hollywood -siempre laterales, la segregación no era una broma-, algunos escándalos sexuales y de drogas y, finalmente, un cambio de estilo hacia el recién nacido Swing poco afortunados -para aquel tiempo-. La carretera, vieja compañera de viaje, firmaría el último capítulo al cobrarse la vida de la gran Bessie en septiembre de 1926. La leyenda cuenta que falleció al no querer ser atendida en un hospital para blancos, pero parece ser que esto es sólo una leyenda. Su influencia ha sido reconocida como vital por artistas tan diversas como Billie Holiday, Mahalia Jackson, Nina Simone o Janis Joplin, quién pagó una lápida para su anónima tumba.

Cambio de era (y continente). El trompetista de origen brasileño Laurent Filipe es el “pegamento” de toda esta historia. Nacido en Sao Paulo en 1962 se formó como trompetista en Lisboa y Kansas. Ha colaborado con personajes del calibre de Jimmy Mosher, Aldo Romano, Tete Montoliu o Maceo Parker (incluso aparecía en el trabajo “Angola Minha Namorada” de Waldemar Bastos que comentamos “in hilo tempore”). En el año 2003 tuvo la genial ocurrencia de liderar -arreglar, producir y presentar- el trabajo motivo de este comentario; “Laurent Filipe presents Jacinta; A tribute to Bessie Smith”.

Y Jacinta? Pues es la voz que faltaba para dar vida a este proyecto de “resurrección”. Descubierta para el gran público en el programa “Chuva de Estrelas” -sí, nuestros vecinos también!- tras haber pasado su juventud inmersa en proyectos que abarcaban desde el rock sinfónico al folk, pasando por la bossa o el barroco descubrió en el jazz su pasión y mejor vía de expresión. “Segura y conocedora”, poseedora de “una voz fuerte y soberana”, de una voz “caliente, redonda, pujante”, de “una presencia en el escenario llena de confianza”, de un sentido rítmico y de un estilo de improvisación “digno de una cantante llena de madurez, de un nivel que nunca había aparecido en este país” son algunos de los comentarios que la prensa especializada portuguesa a dedicado a “nuestra” vocalista.

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Jacinta; A tribute to Bessie Smith es un álbum francamente espléndido en su concepción y producción, en la selección de los temas o en la interpretación tanto musical como vocal. Nos propone un interesante recorrido, divertido y bailable en algunas ocasiones, íntimo y profundo en otras, acorde a los diferentes ritmos y estilos que recoge. Siete de los doce temas contienen la palabra “blues” en su título, toda una declaración de intenciones por más que su homegeneidad sea, afortunadamente, inexistente. Personalmente destacaría la genialidad “jazzística” de “Baby won’t you please come home”, la intensidad de “He’s gone blues” (simplemente genial) o la profundidad tras la cortina de humo de “Mama’s got the blues”. Tampoco la cara más “swing” tiene nada despreciable; “Pinchbacks, Take’em away” es un auténtico lujazo rítmico iniciado con un sampler de la Bessie original, mientras que con “Cake walkin’ babies” resulta difícil mantener los pies y las manos en una posición fija. En definitiva, un espléndido trabajo, capaz de reinventar la obra de Bessie Smith, sin estridencias y dejando que la base del jazz contemporáneo fluya, no arrastrando sino matizando y enriqueciendo la autenticidad de la obra. Delicioso.

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