{ s i l e n c i o }

2 febrero, 2007

Apostemos. Si comienzo este apunte diciendo que va a tratar de “música culta”, del siglo XX, que habla de piezas de Philip Glass, Vladimir Martynov o Arvo Pärt y de interpretaciones inenarrables de un afamado violinista y sus músicos de cámara, pocos van a seguir más allá de este punto. Y es una lástima, porque lo que hoy os propongo es disfrutar no de una joya, sino de uno de los más puros y cristalinos diamantes musicales que he tenido la oportunidad de descubrir y disfrutar en los últimos meses. Paso a los más osados.

Bajo el sugerente título de “Silencio”, Gidon Kremer y su Kremerata Baltica nos proponen un breve e intenso recorrido por algunos de esos músicos y músicas incalificables, como hijas del siglo XX que son. Y como tales no deja de resultar sorprendente su uniforme luminosidad a la hora de evocar sensaciones partiendo desde principios compositivos -creativos- tan dispares como pueden ser el minimalismo, el diatonismo o un sorprendente neo-romanticismo. Así, y a través del omnipresente violín de Kremer -un Guarnieri dal Gesù de 1.730- , podemos descubrir la soledad y el amor, la angustia y la esperanza, la alegría y la tristeza. Sentimientos todos ellos matizados por el conjunto de cuerda -cuerdas sobre cuerdas, como un Vivaldi renacido en pleno siglo XX- que cumple a la perfección la tarea de ilustrar y matizar añadiendo fondos y capas tan mínimos como siempre imprescindibles.

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La obras se abre con la intensa “Tabula rasa” de Arvo Pärt, compositor estonio nacido en 1935. Es una obra de las consideradas “mayores” del autor y en lo que a este trabajo se refiere es, a mi entender, el verdadero “plat de résistence” o plato fuerte. Compuesta en 1977 -sólo tres años después del “Selling England…” que comentábamos la semana pasada- y dedicado a Kremer, la violinista Tatjana Grindenko y el director Eri Klas (todos ellos presentes en esta grabación) está formada por dos movimientos tan heterogéneos como complementarios; un sugerente primer movimiento rítmico seguido de un segundo “largo” e intimista, en el que el silencio, los silencios -“aquello que suena cuando la música calla”- añaden una profundidad tan fría como solitaria. Una pieza de las que se merecen -y necesitan- más de una escucha.

La segunda pieza del programa es el cuarteto de cuerda Nº 2 “Company” de Philip Glass. En esta ocasión, el cuarteto -del que el Kronos Quartet tiene grabado una espléndida versión- se expande para adecuarse a las características de la Kremerata Baltica, ganando en profundidad y, tal vez, perdiendo intimismo. Para los amantes de Glass es un Glass puro; circular, especulativo, poderoso, etéreo y mínimo. Para los “no tan adeptos” sólo son ocho minutos, divididos en cuatro movimientos y, tal vez, una ocasión ideal para reintentar sus delicias en miniatura. Delicioso movimiento a movimiento, bocado a bocado.

La tercera pieza es la más sorprendente por su transgresión estilística. ¿Romanticismo sinfónico en 1988? Veamos. En palabras del autor –Vladimir Martynov (Moscú, 1946)- “…la puerta hacia el cielo está en nuestros propios corazones y podemos entrar en ella a través de nuestra alma. Toda nuestra vida no es más que un intento por descubrir esta maravillosa entrada. Nuestro única tarea es llamar a esta misteriosa puerta. Y todas nuestras esperanzas se centran en escuchar una voz que responda; “Adelante”. “Come in!” -es decir “adelante, pase o entre”- es el título de esta delicia en seis movimientos -seis variaciones más bien- que completa este trabajo. Sorprendente, dolorosamente sensible, romántica, tierna y tal vez tramposa, pero capaz de anudarnos el estómago y, a veces, el alma. Y todo ello con sólo dos violines solistas, el reiterativo llamar “metronómico” a la puerta de nuestra sensibilidad y una inaudible e ineludible celesta -piano de percusión sobre metal-. Una pieza de obligada escucha para todos aquellos que creemos que la música es algo más que cadencias sonoras. El disfrute es inseparable de su escucha y, afortunadamente crea adicción.

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Para acabar el trabajo nos encontramos con un nuevo y brevísimo corte de Arvo Pärt tal vez destinado a diluir el “fatídico endulzamiento” de la pieza anterior y recordarnos que la vida puede ser bella, entre otras muchas otras opciones. “Darf ich…” -algo así como “puedo…?”- es un grito -lamento quizá- lanzado contra una inmensidad solitaria o tal vez contra nosotros mismos. Violines en notas imposibles, campanas y ritmo de adagio en un íntimo y espléndido cierre para una soberbia compilación de músicos de -no lo olvidemos- nuestra era.

No me resisto a cerrar este comentario o recomendación sin anotar un brevísimo y bello apunte sobre la música -ésta y toda la verdadera música- extraído de la ópera “L’orfeo” de Claudio Monteverdi, de la que, por cierto, el próximo día 24 de febrero se cumplen 400 años de su primera representación; “Io la Musica son, ch’ai dolci accenti / so far tranquillo ogni turbato core, / ed or di nobil ira ed or d’amore / poss’infiammar le più gelate menti” (Yo soy la Música, que con dulces acentos / sé tranquilizar al corazón turbado / y de noble ira o de amor / puedo inflamar las mentes más heladas). Disfrutad y cuidaos.

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6 Responses to “{ s i l e n c i o }”

  1. zaralonio Says:

    Vaya Xol.
    Escribiendo así dudo mucho que luego ese disco esté a la altura de la descripción. Sólo faltan unas notas de olor para hacer tu escrito alucinógeno.
    Mejoras con el tiempo, chico, hay que reconocerlo.
    Y no puedo imaginar cómo describirás un Vega Sicilia del 64, por ejemplo…..
    Gracias de nuevo.

  2. XoL Says:

    Agradezco los elogios y espero que disfrutes de lo verdaderamente importante que es la música, mayúscula de verdad en este caso.
    Y respecto al Vega Sicilia, mándame una botella y hablamos 🙂
    Gracias

  3. MACnolo Says:

    Si es que no pensáis sino en beber tumbados en el sofá y con el equipo de High End escupiendo placeres musicales…
    😉

  4. xolete Says:

    Venga, Macnolo, no te pongas así que tu también estás invitado a la “cata virtual” 🙂


  5. Muchas gracias por el interesante y muy acertado comentario de este tremendo diamante musical.


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