de ritmos inesperados

23 febrero, 2007

Ya que este fin de semana predispone a los homenajes y conmemoraciones, y a pesar de mis dudas iniciales, he optado por dejar que los medios se explayen a gusto tanto sobre el cuarto centenario de “La fabola d’Orfeo” de Claudio Monteverdi como sobre el más que muy merecido Óscar honorífico -algo así como “Ups!, llevamos años equivocándonos”- concedido al maestro Ennio Morricone. Cualquiera de los dos acontecimientos hubiese sido una excelente excusa o punto de partida, pero por puro espíritu de contradicción, vamos con un disco que lleva unos meses sonando insistentemente tanto en mis horas de trabajo como en las de relax.

Y tal vez todo es debido a su sonido y su capacidad de rememorar o, al menos en mi caso, de ilustrar tiempos y costumbre -O, tempora! O, mores!- pasados. Veamos, interiores de cálidos tonos pasteles con mobiliario “pretecnológico” construido en materiales impronunciables, peinados desafiantes con las leyes de Newton, trajes de impecable corte para ellos y cierta modernidad y color para ellas, el inevitable whisky antes de cenar -a las 6, por supuesto-, tabaco y humo por doquier y, para completar el cuadro pongamos a Doris Day con su eterno Rock Hudson como galán y al incomparable Tony Randall como irreductible -y alcoholizado- amigo de “ambos los dos”. Ya tenemos el cuadro, ahora basta con prestar un poco de atención a la música; lo más moderno, lo más “chic” y lo nunca escuchado hasta entonces, tal vez algo de The Dave Brubeck Quartet.

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Joe Morello, Eugene Wright, Dave Brubeck y Paul Desmond en 1967

Estamos en 1960 y hace sólo unos meses que Dave Brubeck ha publicado junto a su habitual grupo “The Dave Brubeck Quartet” un disco –“Time out”– que cambiará la historia del Jazz y, por extensión y repercusión, de la música popular. Junto a Brubeck -piano-, el cuarteto con Paul Desmond al saxo alto, Joe Morello a las percusiones y Eugene Wright al bajo lleva casi 10 años actuando y grabando y esta vez acaba de dar en la diana que va a permitir que la música cambie definitivamente de ritmo. Tal vez gracias a su formación clásica, a su habilidad para improvisar, a sus profundos conocimientos de las estructuras musicales o a su capacidad -y valor- para experimentar, todo aquello que hoy nos resulta sencillo -esto es un decir- y conocido va a ponerse por primera vez al alcance de un sorprendido público; un millón de copias vendidas de los dos singles iniciales –“Blue Rondo à la Turk” y “Take Five”– es una perfecta muestra de que a veces lo complejo, bien presentado, puede ser aceptado sin problemas. Y esta es, sin ningún género de duda, la mayor y mejor lección de este soberbio trabajo.

Pero además de lecciones, en este trabajo hay música. Mucha y muy buena. El trabajo se inicia con el ya citado “Blue Rondo à la Turk” inspirado -“sampleado” diríamos hoy- en el tercer movimiento -“Rondo alla Turca”- de la sonata para piano Nº11 [KV331] de W.A. Mozart y una de las piezas más reconocibles del álbum; un rapidísimo compás de 9/8 marcado por el piano en el que se alternan los solos de piano y saxo profundamente acompañados por el bajo y la batería, geniales desde este primer corte. El trabajo continúa con “Strange Meadow Lurk”, un reconfortante solo de piano que se enriquece tras un par de minutos con la intervención del resto de la banda, dando lugar a uno de los cortes más íntimos y personales de la obra. El siguiente corte es el “gran clásico” del álbum y, curiosamente, la única pieza firmada por Paul Desmond “Take five”. Basada en un compás de 5/4 -de ahí su nombre- esta pieza fue originariamente destinada al lucimiento del batería que toma “la voz cantante” mediado el tema permutando los roles de solista con el de acompañante en una increíble transgresión instrumental; la batería canta mientras el piano acompaña -y los demás siguen-. Inspiración y locura que dirían los “Pata negra”.

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Dave Brubeck en Ludwigshafen am Rhein 2005

El álbum continúa con cortes como “Three to Get Ready”, un doble vals con cambio interno de ritmo y uno de los cortes preferidos del gran Miles Davis, “Kathy’s Waltz”, una especie de canción orquestada bajo la batuta de una batería “eléctrica” y la más inusual pieza para un cuarteto de jazz o “Everybody’s Jumpin'”, toda una muestra de genuino “lounge” de los 60. El trabajo se cierra con “Pick Up Sticks” -el juego palillos aquí conocido como “Mikado”- un último homenaje y exploración de nuevos ritmos aplicados al cuarteto.

En definitiva “Time out” es una obra imprescindible, tanto por su valor histórico, como musical y, sobre todo, por su contenido y su espíritu; la habilidad para convertir la experimentación y la vanguardia musical en algo asequible. Una verdadera lección magistral aplicable a la música en particular y a la vida en general. Que ustedes lo disfruten.

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Consigue este fantástico trabajo en el iTunes Music Store o a través de Amazon.com

Para los más curiosos; la película a la que hacía referencia en la introducción es la hilarante comedia “Send me no flowers / No me enviéis flores (1964)” de Norman Jewison en la que por una confusión, un hipocondríaco Rock Hudson cree que va a morir y decide, con la ayuda de su mejor amigo, buscar un nuevo marido a su mujer, mientras que ésta cree que su marido la engaña y que por ello le busca una nueva pareja…

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