todo fluye

16 mayo, 2008

Si consideramos, como ya apuntábamos en un anterior comentario [+], que el silencio es aquello que suena mientras la música calla, ha sido este un largo compás de espera de casi tres meses en los que lo inmediato -lo urgente- una vez más no ha dejado tiempo para lo importante. Por fortuna, este silencio ha sido solo mudez que no sordera ya que la música -las músicas- nunca han dejado de sonar ayudándome, en primer lugar, en el -a veces- tedioso transitar laboral que nos corresponde. Pero también me ha permitido conocer y acumular nuevos estilos, recuperar sonidos prácticamente olvidados, matizar algunos de los conocidos y, es de justicia decirlo, aparcar -que no olvidar- algunos otros.  

Me gustaría poder prometer que este espacio, ya de hecho unipersonal, va a poder recuperar su ritmo “cuasi-semanal” pero los recientes reajustes personales y laborales solo me aseguran incertidumbre, al menos respecto a este espacio digital. Como dije hace un algo más de un mes, no es falta de discurso sino falta de tiempo multiplicada por un acuciante cansancio. Así que, una vez más, nada de promesas -con lo que no habrá incumplimientos- y simplemente disfrutemos del tiempo rellenándolo suave o rítmicamente del fluir de la música, las músicas.

Dejemos pues, fluir al unísono el tiempo y la música y démosle el ritmo de, por ejemplo, la naturalidad, el encanto exótico y el reposado latir de un río mayor, dormitante y poderoso a la vez, como puede ser el Níger, el río de los ríos, que en África es la vida de la vida -“nuestras vidas son los ríos…”-.

Pocas mejores maneras habrá de acompañar el incesante e indeciso curso de sus aguas que con los sonidos, básicos y complejos, improvisados y reflexivos, nuevos y heredados al mismo tiempo de  “In the Heart of the Moon”, el trabajo que los malíes Ali Farka Touré -guitarra y voz- y Toumani Diabaté -kora, una especie de arpa/laud de 21 cuerdas- publicaron en 2005. Un disco que desde sus primeros compases nos mece en la ensoñación de cielos azul celeste, paisajes horizontales, aires calmos y, acompasado por los dos instrumentos de cuerda -todo un acierto de combinación-, el suave fluir de un omnipresente Níger.

El trabajo en sí fue grabado sin ensayos previos, improvisando sobre temas de base tradicional, en un estudio móvil y en una sola toma por tema. Tal vez este sea uno de los secretos para el sorprendentemente acompasado ritmo -de nuevo el fluir- que tanto los dos intérpretes principales como los músicos colaboradores -Orlando “Cachaito” López, Joachim y Ry Cooder, entre otros- destilan desde la primera hasta la última de las notas.

Me resulta difícil destacar un solo tema en un trabajo que, ante todo, es una obra temática y homogénea, fruto del virtuosismo y el saber hacer tradicional y “fusionista” de sus autores. Tal vez, simplemente por citar alguno de los temas podríamos hablar de “Mamadou Boutiquier”, la rítmica Ai Ga Bani” o el delicioso tema que cierra el trabajo; “Hawa Dolo”. En cualquier caso y ante todo es una obra temática, formada a partir de pequeños cuadros y dispuesta a trasladarnos a una realidad distinta y tal vez distante pero sumamente plácida y placentera. Que ustedes la disfruten.

 

 

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más aromas del sur

15 febrero, 2008

Souad Massi -Argel, 1972- es un extraordinaria cantante de profunda voz y poseedora de la sabiduría musical de quienes teniendo que abandonar su país de origen, no renuncian ni a su tradición ni a las novedades que este viaje que es la vida nos presenta. Nacida en el seno de una familia de gran tradición musical ha experimentado, como tantos otros y tantas otras, caminos musicales distintos a los que ahora transita; pop, rumba, rock duro, etc. Cantante personalísima, incapaz de plegarse a los designios culturales, religiosos y laborales impuestos por la tradición encontró en una invitación para participar en el Festival “Femmes d’Algérie” de Paris -1999- la oportunidad para deshacer y reiniciar una nueva carrera -adiós a la ingeniería- en la otra orilla del mediterráneo.

Desde entonces reside en París y a publicado, con el relativo éxito que proporcionan estas “otras músicas”, tres discos de estudio –Raoui (2001), Deb (2003) y Mesk Elil (2005)- y, recientemente un directo -Live Accoustique (2007)-. En ellos combina con una sensibilidad muy especial sus herencias, tanto la antigua -andalusí, sha’abi- como las formas evolucionadas modernas -raï-, con otras tradiciones circundantes -flamenco, mornas, fados, etc.- y con las formas de música popular occidental -folk, rock-.

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El álbum que quiero recomendaros es el titulado “Mesk Elil” -dama de noche, en referencia a la aromática planta del mismo nombre-. Un trabajo profundamente cargado de aromas exóticos y sentimientos cercanos a través de diversos ritmos y letras perfectamente aderezado por una serie de músicos e invitados que potencian el sabor de todos y cada uno de los temas que lo componen.

Así, entre la balada de ritmos dulzones que abre y titula el disco -Mesk Elil-, las referencias rítmicas y sonoras a Cabo Verde -y a su gran dama Cesaria- de “Kilyoum”, los ritmos circulares  del etno-beat de “Ilham”,  el delicioso duo con Deby Touré de “Manensa Asli / Miwawa”, el melancólico fado de “Dar djedi”, la lisérgica e inquietante “Tell my why” acompañada por Pascal Danae, los escarceos etno-electrónicos de “Mahli [Remix]”, el desgarro íntimo de “Hagda wala akter” o los aromas raï o de bolero de “Khalouni” y “Malou” respectivamente, el trayecto que nos propone este sorprendente trabajo llega a su fin dejándonos la sensación de habernos mostrado algo que debería durar más. Mucho más.

Si como se dice, la diferencia entre un muy buen y un extraordinario vino es que éste se reconoce sólo tras la segunda copa, nos encontramos ante otro extraordinario trabajo de las manos -y el corazón- de, una vez más, una sorprendente mujer que requiere más de una escucha. Que así sea y que ustedes lo disfruten.

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de más voces de jazz

5 octubre, 2007

Vamos con una sugerencia absolutamente deliciosa y muy, muy rápidamente -lo urgente no deja tiempo para lo importante- comentada; Yellow daffodils de la artista angloafricana -de Malawi concretamente- Malia[+]: una perfecta fusón de jazz clásico, electrónico, gospel, rhythm and blues y etnomusic apadrinada en este su primer trabajo -luego llegarían otros dos- por viejos conocidos como Erik Truffaz [+] y André Manoukian [+].

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Malia en la Rathausplatz de Viena en Julio de 2007

Así, arropando estilos, influencias e idiomas, Malia nos transporta desde el intimismo de piezas jazz con acompañamiento clásico y desenlaces étnicos -Twinckling little star-, a la sensualidad –India Song-, el homenaje en forma de dueto virtual a la irrepetible Lady Day[+] –Solitude-, pasando por los ritmos más contemporáneos –Purple shoes, primer single– o los turbadores narcisos amarillos –Yellow daffodils– que abren y titulan el trabajo.

De ella –y de este trabajo– escribió André Manoukian: “Malia es el sueño de cualquier compositor. Puede cantar cualquier estilo; jazz, soul, gospel… Hay algo de frágil y universal en su voz, un pudor y una inocencia que está más allá de cualquier técnica”. No es mal indicio para una carrera que comienza. Que ustedes lo disfruten.

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de los 70 en Uganda

12 julio, 2007

Vamos a acabar este repaso de algunas bandas sonoras -y similares- que comenzamos hace un par de meses con un alucinante viaje por el sur de los Estados Unidos y que nos ha llevado desde París a Minsk y desde Coyoacán a Roma pasando por Polonia o Lituania. Y lo vamos a cerrar -momentáneamente- con una pequeña y, en cierto modo, aterradora excursión a la Uganda de Idi Amín Dadá[+].

“El último Rey de Escocia” -The last king of Scotland- [+] es una fantasía cruel sobre el pequeño paso que dista entre la admiración ciega y la repulsión total que disfruta, oculta y finalmente sufre un joven médico escocés tras conocer al dictador Amín, una de las caras más monstruosamente humanas -y, por ello, más terribles- de las últimas hornadas de dictadores genocidas africanos -o mundiales-. En el centro de este huracán de transformaciones, donde lo aparentemente bueno se hace malo y la inocencia es complice cabe destacar la soberbia interpretación de Forest Whitaker -Óscar y globo de oro por esta interpretación- tan próximo y humano como cruel y amenazador.

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En lo estrictamente musical, es esta una banda sonora “de canciones” en las que el compositor y director musical, Alex Heffes, aporta “el pegamento” de unión, tanto entre la historia y la música, como entre los distintos estilos de ésta. Y los estilos son variados, como indecisos fueron los años 70. Así nos encontramos con piezas de blues primigenio -“Toko”-, ritmos bailables de puro etno-beat -“Nakawunde” o “Kasongo”-, puro funky -“Fever”- o los sorprendentes covers de “Me and Bobby Mcgee” -simplemente genial- o la demencial versión a la centroafricana del tradicional “The Bonnie Banks o’Loch Lomond” escocés -alucinógeno-.

Entre todo ello y ejerciendo, como decíamos, de pegamento, los paisajes musicales de Alex Heffes nos sumergen en la historia a través de cortes profundamente dramáticos -“Getting the evil of Nicolas”-, humanizadores -“Idi’s story”- o amargamente des-esperanzadores -“Down over Lake Victoria”-. En definitiva, un espléndido viaje musical y cinematográfico para una aterradora historia. Que ustedes la disfruten.

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Y, una vez más, y a pesar de la disparidad de criticos y críticas sobre la película invito a verla quienes no hayan tenido la oportunidad de hacerlo. Es como mínimo, interesante y, habida cuenta lo que circula por nuestras pantallas preveraniegas, esto ya es mucho.