Antidotum Tarantulæ

5 junio, 2008

Muy brevemente una recomendación muy especial para aquellos que gustamos de los sonidos del mundo, la música antigua, las voces sorprendentes y los sonidos claros y brillantes. 

Extraído del impagable sello alfa [+], más concretamente de su colección Los cantos de la tierra, y bajo el sugerente título de “La Tarantella / Antidotum Tarantulæ” -La tarantela, antídoto contra las tarántulas- la multinstrumentista austriaca Christina Pluhar -Arpa y guitarra barrocas, tiorba, chitarra battente y dirección- impecablemente acompañada por las voces de Lucilla Galeazzi, Marco Beasley y Alfio Antico y por su agrupación L’Arpeggiata, deja volar la imaginación -la suya y la nuestra- hacia la tradición según la cual la picadura de la tarántula se curaba con una convulsa mezcla de ritmos in crescendo, alcohol y baile -es decir con, una Tarantela [+]. Tan es así que “…la Junta Gubernamental de Medicina, en 1875, llego a reconocer los poderes curativos de la tarantela y animaba a los musicos para que la hicieran sonar.

Christina Pluhar con una tiorba o laúd doble.

Y como muestra de todo ello, de los diferentes estados de exaltación y los ritmos en los que estos se reflejan, nos propone un viaje curativo que abarca tanto la música renacentista como el folk tradicional -nada de world music-, las baladas más reposadas con los ritmos más frenéticos o las voces populares con la transparencia acústica de los instrumentos de cuerda, viento y percusión. 

Así, partiendo de los textos que popularizaron la leyenda, podemos repasar la sintomatología rítmica completa del “Antidotum Tarantulæ”, desde las baladas en primera persona –La Carpinese”, “Lamento dei mendicanti” o “Lu Passariellu”– pasando por los medios tiempos -“Tarentella del Gargano”, “Tarantella italiana” o “Lu povero ‘Ntonuccio”– para acabar desembocando en el frenesí más absoluto –“Tarantella calabrese”, “Luna Lunedda” o “Pizzicarella mia”– en una especie de Perpetuum mobile basado en una sabia mezcla de empujes y desaceleraciones que terminarán por expulsar los venenos más amargos de nuestros cuerpos. O, al menos, esa es la intención.

L’Arpeggiata durante una actuación una actuación con Christina Pluhar a la izquierda, Lucilla Galeazzi en el centro y junto a ella Alfio Antico y Marco Beasley.

En resumen un disco que abarca mucho y aprieta, al menos, otro tanto. Una viaje curativo para las mentes cansadas del “más de lo mismo”, con sorprendentes resultados tanto para espíritus relajados como para los más alterados. Y afortunadamente la sobredosificación no está contraindicada. Que ustedes lo disfruten.

 

   

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otra navidad

20 diciembre, 2007

Un año más hemos llegado a la Navidad y no quiero dejar pasar esta ocasión para desearos,  tanto a los habituales como a los visitantes, todo lo mejor para estas fechas y el año que está a punto de comenzar. Y, como también viene siendo tradicional por estas fechas quiero proponeros un par de trabajos que considero especialmente adecuados para acompañar estas fiestas de noches tumultuosas y mañanas silenciosas. Vamos con la música.

Mi primera sugerencia es una delicia navideña, interpretada por la agrupación Zefiro Torna [+] y que lleva por título “El Noi de la Mare”. En este trabajo, partiendo de la música popular y culta escrita a lo largo de la Edad Media y el Renacimiento -siglos XI al XVI- por autores como Gautier de Coincy [+], Guillaume Dufay [+], Josquin Desprez [+] o Francesco da Milano [+] y alternándola con cantos populares de Nápoles, Provenza o Cataluña nos presenta un tan irresistible como diferente y diverso enfoque a las clásicas canciones y villancicos. El seductor entramado que forman la alternancia de motetes e himnos con canciones populares y tradicionales confieren un interesantísimo tono al programa, con una viveza que alcanza sus puntos más álgidos en las tradicionales “Nöel Nouvelet”, “Mariam matrem”, “Cant dels ocells” o el tema que da título al trabajo “El Noi de la Mare”. Para finalizar, es justo destacar tanto la cálida voz de la cantante Cécile Kempenaers como la finura y el virtuosismo a las cuerdas -laúd y la guitarra renacentista- del líder de la agrupación Jurgen De Bruyn.

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Domenico Ghirlandaio: Adoración de los Magos (detalle) / Spedale degli Innocenti / Florencia

Mi segunda recomendación para estas fechas es otro “clásico”, sin el cual este su seguro servidor no entiende las Navidades y que lleva por título “December” y cuyo autor-intérprete es George Winston [+]. Un excelente trabajo -tal vez el más homogéneo, por no decir el mejor del autor- que recorre los ritmos del mes que cierre el año y, por extensión, otra etapa más de la vida. Publicado en el año 1982, supuso el primer gran “exito” para la osada compañía que se atrevió a editarlo -Windham Hill [+]- y un punto más para el establecimiento de lo que años más tarde se daría en llamar New Age o Música de la Nueva Era. Todas la piezas suenan perfectas y perfectamente ensambladas, tanto es así que resulta difícil hallar una que pueda ser considerada como la más emblemática -personalmente me decantaría, son muchos años de mutua compañía, por la fascinación tintineante de “Carol of the Bells”-. Un disco 10 para la Navidad, que conserva todo su aroma y frescura y al que todavía le quedan muchos turrones, vísperas y veladas por aromatizar. Que ustedes los disfruten.

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del renacimiento

5 diciembre, 2007

Vaya por adelantado que escribir un comentario acerca de este trabajo, por lo general tan admirado por lo seguidores del intérprete como denostado por los conocedores de la obra, me ha resultado una tarea realmente complicada, ya que las interpretaciones que de él hacen ambas partes son plenamente convincentes -o no-. De hecho, en tras una primera escucha, el álbum quedó apartado hasta que, casualmente, hace unos días tuve la oportunidad de escucharlo con mayor detenimiento y, tal vez, con otro estado de ánimo.

El trabajo en cuestión lleva por título “Songs from the labyrinth” y está firmado por Sting -Gordon Sumner- [+] y en él, el camaleónico cofundador de The Police, actor eventual, músico de jazz, prolijo activista y, últimamente, cantante de ópera y budista eventual, recrea una docena larga de canciones escritas por el compositor e intérprete renacentista inglés John Dowland (1563-1626) [+] acompañado por el laudista bosnio Edin Karamazov [+]. La obra se completa con un cuarteto de piezas instrumentales y una serie de lecturas a modo de recitativo.

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Son precisamente estas lecturas las que ejercen de presentación de la obra, el autor y su momento. A través de los extractos de la carta escrita al consejero real Sir Robert Cecil en 1595, se nos presenta la tristeza, el desencanto y la profunda melancolía del autor, rechazado por su conversión juvenil al catolicismo -no olvidemos que estamos en la antipapista Inglaterra Isabelina- y su exilio involuntario al continente -fue acusado de traición-. Coincide esta fecha con la de publicación de su primera obra “The first booke of songes or ayres” obra que revolucionó el panorama musical y que llegó a convertirse en libro musical más editado -e imitado- de su tiempo.

Así, tras varios intentos por regresar definitivamente a Inglaterra -y por obtener un puesto de músico en la corte del nuevo rey Jacobo I publica en 1604 la que sería su obra más conocida “Lachrimæ or Seaven Teares, figured in seaven passionate pavans, with divers others pavans, gagliards and almands, set forth the lute, viols or violins in five parts, dedicada a la esposa del nuevo rey Ana de Dinamarca en un enésimo intento por alcanzar su doble objetivo de aceptación y remuneración. A pesar de todo ello -maestría compositiva e interpretiva, reconocimiento general y sumisión- no sería incluido entre los músicos de la corte hasta 1612, fecha a partir de la cual, curiosamente, no compondría ninguna pieza nueva.

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El carácter del autor, variable entre la arrogancia eufórica y la depresión determinista unido al sentido melancólico acorde a los gustos estéticos de la época, se refleja en la belleza sutil, a veces dolorosamente hermosa, de sus composiciones tanto vocales como instrumentales. No en vano fue el propio autor quien compuso una pieza titulada “Semper Dowland, semper dolens” -siempre Dowland, siempre sufriente-.

Llegados a este punto, la pregunta del millón podría ser ¿bien, y qué pinta Sting aquí?. Y la respuesta puede variar, según sus propias declaraciones, entre la admiración que siente desde hace unos años por el personaje, su romance con el laud -lo tañe como acompañamiento a los recitativos- y su percepción propia -o autoproclamación- como, a imagen de Dowland, “juglar viajero” -¿y por qué no?-.

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La siguiente cuestión acerca del trabajo hace referencia a lo que éste aporta. Sobre esta cuestión y tras meditarlo detenidamente, creo que lo mejor es oponer los pros y los contras, ya que es obvio que cualquiera de las grabaciones “clásicas” de la obra -alguna protagonizadas por el mismo Edin Karamazov- son, seguramente, más fieles al sonido del autor. Así, al espíritu un tanto “naif” de la interpretación podemos oponer la frescura que aporta, lejos de corsés excesivamente academicistas. O, al excesivo protagonismo del cantante su incuestionable valor divulgador -y también vulgarizante- y frente al sonido un tanto obsesivo por su proximidad, la cristalina claridad de las secciones menos vocales… en cualquier caso y en mi opinión, la sola posibilidad de que temas de una tan irrefutable belleza como “Flow my tears”, “In darkness let me dwell”, “Come again” o “Walsingham” sean descubiertos -divulgados- deja al margen cualquier otro debate.

En definitiva, una más que correcta aproximación a la obra -y por extensión, la época y a su música- de John Dowland, recomendable para mentes abiertas tanto desde el conocimiento como la ignorancia de este autor, olvidado durante demasiados siglos. Que ustedes lo disfruten.

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